La adolescencia de Natalia Lafourcade



Continuemos platicando sobre la fascinante  entrevista que Unión Radio de Venezuela realizó a Natalia en junio de este año. En la entrega anterior, les contaba que Natalia se mudó de Coatepec a la ciudad de México cuando tenía nueve años de edad.

Acostumbrada a vivir en un poblado pequeño, en el campo, donde todo mundo se conoce y los niños juegan afuera todo el día; el llegar a México, con el tráfico y la sobrepoblación, fue muy impactante. Entre otras cosas, no era tan fácil hacer amigos. Pero hay que entender que, con todo y los embotellamientos, los cambios de escuela y la falta de juegos al aire libre, a ella le encantó mudarse a la gran ciudad, entre otras cosas porque allí podía ver televisión.

Les explico. Resulta que en su casa, tenía prohibido ver tele, y como en México los niños en vez de jugar en la calle, más bien se quedan en casa, pues ella, en casa de sus amigas, se la pasaba muy feliz viendo televisión. Así dejó de cantar “El gallo pinto” y empezó a interesarse en la música que en aquellos días estaba de moda. Y aunque, en la entrevista duda un poco antes de decirlo, admite que le encantaban grupos como Flans y Timbiriche.

Esto no le gustaba a su papá, quien la cuestionaba al respecto y la invitaba a escuchar a Bach. Pero a esa edad, y aclarando que ahora le encanta la música clásica, ella confiesa que Bach y compañía le resultaban un poco aburridos.
Al igual que muchos de nosotros, pasó muchos domingos por la tarde viendo Siempre en Domingo. Y mientras miraba el popular show del “¡Aún hay más!” con Raúl Velasco, pensaba: “¡Ay!, yo quiero estar ahí”.

Lo interesante es que, si bien a esa edad y debido a la gran influencia de Televisa, ella quería ser como esos artistas, eventualmente, después de vivir la experiencia, ella cambió de opinión y, fiel a sí misma, comenzó a buscar su voz y sonido propios.

Es lindo ver que cuando se tiene un interés genuino hacia algo, cuando se tiene una pasión grande como lo es la suya por la música, todas las influencias terminan siendo útiles y con el tiempo se transforman en lo que termina siendo el estilo único de un artista. O sea que, como decían mis papás: de todo se aprende.

Pero volviendo a lo que Natalia pensaba en aquellos días y a su deseo de ser como los artistas de Siempre en Domingo, cuando por fin se le cumplió, ya no le gustó. Le dio mucha vergüenza, pues tenía que hacer playback y pensaba que sus amigos se iban a burlar de ella por andar cantando así y haciendo ese tipo de cosas. Es claro, por sus palabras, que la experiencia no fue de su agrado, pero en lugar de desanimarla, más bien la ayudó a seguir buscando, con el apoyo de su familia, lo que realmente quería hacer en la música.

Entonces, ¿cómo fue que halló su propia voz y empezó a escribir canciones?
Pues el amor y su noviazgo con un chico llamado Carlos Benito tuvieron algo que ver en eso.

Carlos Benito fue su primer novio. Él tenía dieciocho años y ella quince. Natalia lo quería mucho, así que le escribía cartas, le regalaba dibujos,  le traía regalos  cuando regresaba de sus giras con Twist, pero sobre todo, le escribía canciones.

Fueron esas canciones las que le hicieron pensar que podía hacer un disco con ellas. Pero ese será el tema del siguiente capítulo...